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Este es el blog de nuestra clase. En él iremos contando las cosas que nos interesan para compartirlas con todo el mundo.

27 de diciembre de 2011

GALLETAS DE JENGIBRE

Hola chicas y chicos de 2º D. ¿Estáis disfrutando de las vacaciones? Seguro que os sentís muy felices en compañia de vuestra familia. 
Os envío la receta de las galletas de jengibre que hicimos en la clase. Las mamás cocineras que nos acompañaron  consiguieron que disfrutáramos amasando esa mezcla MARRÓN, PEGAJOSA, PRINGOSA, BLANDA, ELÁSTICA, MOLDEABLE, SUAVE a veces, ÁSPERA otras, con OLOR A JENGIBRE, CLAVO y CANELA y... ¡CALIENTE! después de amasarla tantas manos.
Pero, por arte de magia, la masa se convirtió en una exquisita galleta que decoramos como más nos gustó y que saboreamos antes de salir al recreo. 

INGREDIENTES
 Mantequilla: 125 gramos  
Azúcar moreno: 50 gramos 
Harina: 100 gramos 
Melaza
Jengibre en polvo
Canela
Clavo
Levadura


PREPARACIÓN:



1.  En un bol poner la harina, el azúcar y la mantequilla.
2. Con las manos bien limpias  mezclar todo muy bien hasta obtener una masa homogénea y consistente.
3. Una vez que la masa está lista se aplastarla con el rodillo y eligir el molde deseado.
4. A continuación  colocar cada galleta cuidadosamente en una bandeja previamente enharinada.
5. Hornear durante 15 minutos a una temperatura de 180º grados.
6. Retirar del horno y  dejar enfriar. Decorar al gusto con sirope de fresa, de chocolate y lacasitos.

¡Que aproveche!

Las mamás también nos dejaron un bonito cuento titulado: "Diario de una galleta" ¡Espero que lo disfrutéis!
 "Había una vez un viejillo y una viejilla que vivían en una casilla en el límite del bosque. Habrían sido felices y comido perdices si no fuera porque no tenían niñitos... y los deseaban de verdad, pero claro, a su edad ya era imposible.
Un día, cuando la viejilla estaba horneando galletas de jengibre, decidió cortar la masa con la forma de un niño y ponerlo en el horno.

Cuando sonó el reloj indicando que el tiempo de cocción había terminado, la viejilla fue a ver si la masa había subido, pero tan pronto como abrió la puerta del horno, el Chico de Jengibre salió de él corriendo a toda velocidad.La viejilla no sabía muy bien por qué corría el Hombrecillo de Jengibre, asi que llamó a su esposo, los dos se echaron a correr tras el Chico de Jengibre. Pero a pesar de ser los ancianos más rápidos de su barrio, no pudieron alcanzar al Hombre de Jengibre.

Con la carrera que se hizo el Hombrecito, pronto llegó a un granero donde trabajaban unos hombres. El Chico de Jengibre les chilló sin parar de correr: "He huído de una viejita, he huído de un viejito, ¡y también puedo huír de vosotros!". Los trilladores entendieron la frase absurda del hombre de jengibre como un desafío, y como todos eran muy peleadores, se pusieron a correr tras el Chico de Jengibre, pero por mucho que corrieron no le alcanzaron.
El chico siguió corriendo hasta que llegó a un campo lleno de segadores trabajando. El jóven galleta chilló: "He huído de una viejita, he huído de un viejito, he huído de los trilladores, ¡y también puedo huír de vosotros!".
Los segadores que tenían muy pocas ganas de trabajar y sí muchas ganas de callarle la boca al jengibre corredor, se echaron a la carrera, pero tampoco le pudieron alcanzar.

 El chico siguió con sus prisas y llegó hasta un prado donde había una vaca que estaba pastando tan ricamente. El chico dulce le chilló a ésta también: "He huído de una viejita, he huído de un viejito, he huído de los trilladores, he huído de los segadores, ¡y también puedo huír de ti!".

Pero aunque la vaca corrió todo lo que pudo no logró alcanzarle. El maratoniano siguió corriendo y se encontró con un cerdo que se revolcaba en el barro y le gritó: "He huído de una viejita, he huído de un viejito, he huído de los trilladores, he huído de los segadores, he huído de una vaca tragona, ¡y también puedo huír de ti!".
El cerdo también se picó con la impertinencia del chico y salió tras él, pero tampoco le pudo alcanzar.
Y entonces el corredor obsesivo se encontró con un zorro y a éste le chilló también: "He huído de una viejita, he huído de un viejito, he huído de los trilladores, he huído de los segadores, he huído de una vaca tragona y de un cerdo cochino, ¡y también puedo huír de ti!".

"¿Cómo dices, galleta? No te oigo bien" - dijo el zorro - "¿Por qué no te acercas un poco y me lo repites? Es que estás un poco lejos". El Hombre de Jengibre se acercó al zorró y le volvió a decir: "He huído de una viejita, he huído de un viejito, he huído de los trilladores, he huído de los segadores, he huído de una vaca tragona y de un cerdo cochino, ¡y también puedo huír de ti!".
"Nada, aún no te oigo bien. Que has huído ¿de qué?"
El jengibre se acercó aún mas: "Que digo que he huído....""Chico, como no vengas más cerca no te voy a entender. ¿Por qué no vienes aquí a mi lado?" El hombrecito de jenjibre, que corriendo no tenía precio pero que de cerebro andaba un poco escaso, se fue al lado del zorro para repetirle su frase célebre: "Te decía que he huído..." Y antes de que pudiera acabar su frase el zorro se lo empezó a comer. Y el Chico de Jengibre dijo: "¡Oh! Ya sólo queda la mitad de mí". Y después: "¡Oh! Ya sólo queda un cuarto de mí". Y al final: "¡Oh! Ya no queda nada de mí." y el Chico de Jengibre ya no habló nunca más.
 




1 comentario:

  1. Vanesa, mama samuel1 de enero de 2012, 18:12

    Fue una experiencia inolvidable, sobre todo el compartir un ratito con los niños y por qué no enseñandoles cosas nuevas. Ellos disfrutaron pero nosotras seguro que mucho mas.
    Samuel cuando va al mercadona y ve la melasa en la estanteria del supermercado se acuerda de las galletas de jengibre, jajajajajaja. Seguro que les pasara a casi todos. FELIZ 2012 y pronto con otra receta, jajajajaj

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